En nuestro país, nos hemos acostumbrando a convivir con el ruido. Es considerado como algo “normal” por muchas personas escuchar música a alto volumen a cualquier hora del día y peor aún, estas personas consideran igualmente “normal” que los vecinos o personas a su alrededor soporten esta situación.
Otros, desconsideradamente conducen sus vehículos por las vías públicas sin el tubo de escape o silenciador, ni qué decir con el uso indiscriminado de las cornetas.
Algunos establecimientos comerciales o espacios destinados a espectáculos, shows artísticos o discotecas, ejercen sus actividades comerciales sin cumplir con las normas de aislamiento sonoro; en las playas concurridas con vehículos, las llamadas “guerras de minitecas o de música” hacen irresistible la estadía en estos parajes naturales;
En los condominios, además de las fiestas interminables, las reparaciones en los apartamentos, los gritos o discusiones constantes de algunos vecinos, los movimientos de muebles, ladridos de perros, etc.,
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